Wish You Were Here

02/02/2019
Wish You Were Here


En 1992 trabajaba en una radio, la del pueblo, se llamaba AZ 93, y en contra de toda reglamentación sobre el trabajo, me dieron trabajo. Fui su operador de fin de semana durante unos 6 meses creo. Trabajo que amaba, adoraba y estaba primero en cualquier cosa que deseara, ante cualquier interés.
Ese año, 1992, yo tenía la llave de la radio, sus dueños habían confiado en mí para eso. Y yo me la pasaba en la radio escuchando música, aprendiendo, trabajando y pasando mis ratos de ocio.
La radio estaba es 6 cuadras de mi casa, en ese momento me parecían más, pero las caminaba o las bicicleteaba con adoración enfermiza.
No recuerdo haber estado candado o haber sentido cansancio, agobio o cualquier cosa que se asemejara a eso en esos meses. Incluso llegué a trabajar sin descanso después de haber salido de noche y pasar de largo, e ir a “operar” a la radio uno o varios domingos.
Trabajaba todos los fines de semana.
En la semana visitaba la radio, no podía pasar mucho tiempo sin pasar por ahí, volver de la escuela y pasar por la radio era a veces, una cita obligada.
Una costumbre también, era la de quedarse después de la transmisión, en los pueblos, las radios parecen kioscos, abren su transmisión a una hora de la mañana, cortan al mediodía para la siesta y retoman a las 16 o 17 hs hasta las 22hs. Para ahorrar “energía” que es lo mismo que no querer pagar más de un operario.
Pero estamos en 1992.
Muchas noches iba para esperar el cierre de transmisión, ocurría a la 1am. Apagabamos el transmisor, ruteabamos la consola y empezábamos a grabar nuestras cintas. Mix de canciones, discos enteros, mezclas caseras terminaban en un cassette TDK o Sony, en mi caso, cinta de cromo o de metal. Aunque las cintas de “menor” importancia como los “mixes de aire” iban a parar a un Sony normal.
Una tarde de domingo, en Marzo de 1993, grabé de “aire” unos temas en una pauta de 30 minutos, lo que duraba cada lado de la Sony Normal Bias. Estaba preparándome para la mudanza.
En Abril de 1993, estamos en la Terminal de Rosario, esperando La veloz del Norte de las 18.30hs, aún existe esa línea, aún sostiene esa frecuencia, pero en 1993, sólo tenía una, las de las 18.30 a Pocitos en bolivia, pasando por Profesor Salvador Mazza, el Pocitos argentino, 60 kms antes, General Mosconi, mi destino ese dia, 4 de abril de 1993.
Estoy con mi madre y su amiga de la infancia, Cristina. Estamos esperando la hora de partida
La cinta llevaba unas joyas que empezaban con Queensryche y Silent Lucidity y terminaba con Wish you Were Here, del concierto Delicate sound of the Thunder, de Pink Floyd, también en el medio, estaba Nuestra Fe de Soda y Maribel se Durmió de Spinetta.
Como si el destino sonoro las uniera en un viaje de desencanto, éste side de mi cassete, fue la banda sonora de un desencanto, de un amor no correspondido, cada canción me hablaba, las que estaban en ingles no las comprendía, pero sentía como una daga cada punteo de las guitarras y como un desangre cada melodía. La única que aprendí de memoria, tatuada a fuego, era Deseo que Estuvieras Aquí.
Como un cáncer luchando contra los rayos, cada vez que la veía necesitaba ir a encerrarme a escucha “mi cinta” para descargar mi angustia, purgar mi llanto, sacar el monstruo del amor que me consumía y ese viaje como un mantra, comenzaba con Lucidez Silenciosa y terminaba con
“Que hemos encontrado,
los mismos viejos miedos.
Deseo que estuvieras aquí.”
Terminada la sesión, seco de lágrimas, volvía a salir con los ojos inyectados en sangre, como Christopher Lee en el Horror de Drácula, de Terence Fisher, la versión Hammer Films, y de la misma manera salía a la calle, oscuro, melancólico, con el deseo permanente de que la humanidad completa se extinga.
Pasaron los meses y el mantra era el mismo, lograba los mismos resultados, descomprimir como una llave de presión, para cerrarla y que nuevamente hierva a temperaturas Mercuriana, para un próximo desagüe.
Un día de Septiembre, apareció un click, de golpe la represa empezó a contener y no desbordar, el río desbocado se fue calmando, fue perdiendo presión la caldera, paulatinamente la temperatura se fue estabilizando.
Aún hoy, en todas sus versiones, Wish you Were Here de Floyd, en complicidad conmigo, sabemos bien qué ocurre, por más que no se note, ella y yo sabemos que podemos abrir la llave en cualquier momento. Pero ya no con la función que tenía en un primer momento. Ahora solo me conmueve por los sonidos que canta, por la compañía eterna en esta relación que tenemos desde hace más de 25 años.

PS: Gracias María Elena por tu sabiduría. No entendí, hasta que entendí.
Hoy añoro darte un abrazo, darte uno bien fuerte por ser la compinche de esos días, a pesar del silencio.

Yapa: ¡Alabado seas Bocha!