Destino de Guerrero

Bushido: Harakiri
ARTISTA:BUSHIDO
WEB:Bandcamp
OBRA:HARAKIRI
PLUS:No
FORMATO:Digital
SELLO:HAMFUGGI Records
RELEASE:Marzo, 2020
PAÍS:Brasil, Mundial

La reseña de esta entrada es sobre un proyecto que me llamó más la atención por su nombre e imagen, que por lo que luego escuché.

Andrei Junquilho es nativo de Brasil, precisamente de salvador de Bahía y es parte completa tanto en el endo como en el exo, de BUSHIDO. El nombre del disco reseñado se llama Harakiri y fue editado por el sello HAMFUGGI records.

  • Construí el disco de forma muy sencilla, pensé en poner fin al proyecto BUSHIDO, y quería que este disco sea el último compuesto en ese proyecto (BUSHIDO).
BUSHIDO

El bushido, para quienes no lo sepan o tengan dudas, es el código del guerrero samurái del Japón imperial, un código ético que exigía lealtad y honor hasta la muerte, que no contemplaba peros ni dudas y que para los occidentales puede parecernos pintoresco y algo extremo, pero sin dudas, es un aspecto cultural tan profunda como la nación que lo enaltece.
Para Andrei, el plantear este trabajo siguió la misma lógica del guerrero, fue más que nada pensar el nombre primeramente y luego concretar el disco, una manera de poner fin a su obra en ese contexto.

  • Como sabemos BUSHIDO es el camino del guerrero. Tenía ganas de hacer una relación entre Japón, el camino del guerrero y el fin. Y el fin para un guerrero era quitarse la vida, para los samuráis del Japón feudal. Un acto ritual. Mi primer disco con BUSHIDO se llama Seppuko, entonces éste (Harakiri) cerraría el ciclo. Un mismo nombre, pero con variante occidental.

Si, Seppuku y Harakiri son lo mismo, la diferencia radica en lo elemental del lenguaje y su “clase” y algunos detalles para ser más exactos, el primer término es el preferido y usado en Japón y el segundo sería una especie de occidentalización del término y con el aditamento de pertenecer a una concepción “vulgar” del asunto. Pero son lo mismo, es el mismo ritual de muerte del Bushi, el final del camino del soldado leal.

Andrei Junquilho

Harakiri no es un disco que presagia un final, todo lo contrario, evoca un comienzo, Andrei no pensaba en poner fin a su vida de manera ceremonial, pero si pensaba darle un digno final a un proyecto de forma ritual.

  • … el título meramente figurativo, solo para matar el proyecto, terminar con lo que me pasaba en ese momento, estaba un poco deprimido, con todos los cambios en el mundo, los cambios en mi vida. En este momento estoy muy feliz por estar en Lima (Perú) pero soy natural de Salvador (de bahía, Brasil) pero mis mayores ganas o deseos son de regresar a un entorno más natural, tengo sueños de vivir en un campo, en una montaña, en una isla, es un poco mi búsqueda, la que tengo, poder volver a abrazar el silencio, no necesitar hacer más música, solo escuchar los sonidos naturales.

El aspecto que movilizó este proyecto es justamente una crisis existencial en medio de todo lo que está pasando en este mundo, en el mundo que contiene a Andrei, un anticipo pre COVID-19. Entre tantas cosas que planifico el autor con este álbum, meditó que otra imagen figurativa sería que el proyecto podría acabar con esa situación de crisis que lo abrumaba.

Integró el movimiento “Pichação” en los 90’, un grupo artístico que realizaban grafitis en muros y paredes, una movida genuinamente brasileña, surgida en mediados de la dictadura que había comenzado con frases de orden imperativo como “Abajo la dictadura” para luego decantar en algo más estilizado, más estético y donde las ciudades siempre están en su imaginario.

  • Soy de tener siempre ganas de ir a un campo o una isla, aislado de la civilización, pero soy citadino, urbano. Vivía en el centro de mi ciudad, estudiaba y trabajaba y viví con ese entorno todo ese tiempo, ese sonido. Salvador tiene música en todas partes, en el bus la gente toca percusión, en la escuela, utilizando cualquier cosa, silla, carteras, etc. Eso está en todo momento siendo parte de mi inconsciente, el sonido natural, el industrial, el de los coches, etc. Entonces la manera que tuve de filtrar eso y de purgarlo en forma de catarsis y mi inconsciente lo fue trabajando como un reciclaje de la basura de mi inconsciente, transformar todos los ruidos en imágenes, en música meramente imagética. En mi trabajo normalmente hago beats y pasé un poco del industrial al techno, pero mi propuesta dentro de esta música o anti música o arte sonoro, como queramos llamarlo, es simplemente un harsh noise, las paredes, el drone, el dark ambient, son cosas que remiten más a escenas como una música visual misma.

El propio Andrei indica que en Harakiri quería dar algo más de caos y de vacío, por lo cual escuchamos capas y capas encima de drones, cámaras de reverberancias, eco. Así es que fue diseñándolo con software y computadores ya sea desde el aspecto meramente sonoro, como el visual, ya que a veces hace presentaciones en vivo de sus trabajos sonoros apoyado en muchas oportunidades, por imágenes.

Andrei Junquilho
  • La importancia del ruido para todo mi trabajo artístico, para todo, tanto el visual porque la Pichação es un ruido dentro de la ciudad, visual y música noise, la música punk que hice, es mi catarsis, es mi forma de expresarme y de sentirme, la forma en la que pienso. No abrazar la idea de mercado, la idea del sistema, de poderosos que no quieren que nosotros nos potenciemos, yo resolví hacer y hacer cosas a mi manera, ruido, basura, una forma de resignificar, de mostrar un velo en otras cosas como la flor de loto que crece en medio del agua.

Es un trabajo complejo con una idea más compleja la de Andrei, resolver por sí mismo, resolver en colectivo, apostar por el silencio y a sembrar en el cosmos. Una dualidad que solo tendría sentido en el terreno occidental de las ideas, el proceso individual con proyección al movimiento colectivo. Ideas que parecen muertas por la caída de los muros, resignificadas en acercamientos colectivos de artistas jóvenes que deciden por la autonomía desde lo individual a lo general.

  • Aprendí con esta obra que debo hacer y perseverar, seguir mis sueños y que un día ojalá encuentre la paz, en un lugar tranquilo y pueda abandonar los ruidos y pueda escuchar otros ruidos, como los de una cascada, los pájaros, esos ruidos que me encantan. Mientras tanto, voy absorbiendo el ruido de las ciudades y sintetizándolos en las computadoras, en los pedales y transformándolo en escenarios para que mi nombre esté ahí, son semillas que estoy plantando en el universo. Transformar mi Caos, en Cosmos.
Si gustan, pueden escuchar el podcast con la reseña por aquí